Dos emprendedores dan los primeros pasos para promover en Cataluña un proyecto de 25 megavatios que costará 68 millones de euros.

Dos emprendedores catalanes, los hermanos Anna y Jaume Sués Caula, se han lanzado al proyecto más ambicioso en Cataluña en el negocio de la biomasa, es decir, el aprovechamiento de residuos agrícolas y forestales con fines energéticos.

Su reto es poner en marcha en tres años una planta de biomasa con una potencia instalada de 25 megavatios (MW) que requeriría una inversión de 68 millones de euros y generaría un centenar de empleos directos y 150 indirectos. Como alternativa, barajan una planta de 10 MW con una inversión de 25 millones de euros.

Anna, de 30 años, es investigadora de la Universidad de Eindhoven, en Holanda, y trabajó en el grupo cervecero Damm. Jaume, de 33, es un consultor con experiencia en firmas como Roland Berger y Valoris. Ahora están a la caza de inversores para un proyecto que consideran muy atractivo, sobre todo para quienes han invertido anteriormente en energía solar fotovoltaica.

La biomasa no arranca

Dentro de las energías renovables, la biomasa es el patito feo en España, especialmente en Cataluña, donde existen muy pocas plantas, todas de reducidas dimensiones; algunas más están en fase de tramitación, aunque también son pequeñas y en ocasiones se enfrentan al rechazo de grupos ecologistas.

Pese a su potencial económico y de generación de residuos forestales y agrícolas, Cataluña ocupa la séptima posición en el ránking de biomasa por comunidades en España, que lidera Andalucía.

Para los impulsores de la iniciativa, la clave de la viabilidad y rentabilidad del proyecto es el uso de una tecnología de biomasa de segunda generación. Frente a la combustión o quemado de los residuos de las plantas de primera generación, la nueva tecnología consiste en un proceso de conversión termoquímica por gasificación que da directamente como resultado la producción de electricidad, con un “impacto medioambiental prácticamente nulo”.

¿Cómo funcionan estas plantas? En la primera etapa los residuos se trituran y se reduce su humedad; en la segunda se convierten en gas sintético, y, en la tercera, el gas se quema y el calor generado se utiliza para producir energía eléctrica a través de un ciclo combinado de gas–vapor.

Anna Sués explica que las plantas de biomasa de segunda generación de países como Alemania, Suecia, Finlandia y Austria obtienen unos rendimientos energéticos que oscilan entre el 30% y el 45%; esta tasa es el cociente entre la energía generada y el poder calórico de los residuos consumidos. En cambio, el rendimiento de las plantas de combustión, que son las de mayor implantación en España, se sitúa entre el 15% y el 25%.

En la futura planta catalana, el rendimiento energético podría superar el 50%.

Con este escenario se calcula una rentabilidad de la inversión del 12% –del 11% para la opción de 10 MW– en un plazo de 15 años, durante el que no existe riesgo de desaparición de las ayudas estatales a la venta de electricidad.

Con estas credenciales, los emprendedores han iniciado la búsqueda de inversores para financiar el proyecto, que se desglosaría en 30 millones de fondos propios y 38 millones de euros de deuda bancaria. Paralelamente, negocian una alianza con una ingeniería de energías renovables y acuerdos para el aprovisionamiento de residuos.

Emplazamientos

Las ubicaciones que ofrecen más posibilidades de albergar la planta se encuentran en el eje Lleida–Tarragona y en el norte de Gerona, de acuerdo con los promotores, que destacan las ventajas del proyecto: desarrollo del medio rural, reequilibrio territorial y generación de empleo a través de una actividad que no es deslocalizable. “Además, colocaríamos a Cataluña en el lugar que le corresponde en el ránking de biomasa y a los 15 años le regalamos las instalaciones al Ayuntamiento de la localidad donde se ubique la planta”, dice Jaume Sués.

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“Su utilización, en comparación con cualquier combustible fósil, genera más empleo, aumenta la recaudación en cotizaciones y tributaria, disminuye el déficit exterior y suministra energía al cliente final a precios inferiores”. Así de contundente se muestra la Asociación Nacional de Empresas Forestales (Asemfo) en un informe que sirve de aportación de la patronal forestal al nuevo Plan de Energías Renovables actualmente en elaboración.

Si se tienen en cuenta todas las ventajas laborales y económicas enunciadas, no es de extrañar que en Asemfo afirmen que tienen una salida ecológicamente sostenible a la crisis: “la biomasa forestal primaria, la que se extrae de nuestros montes y bosques”. Según la principal conclusión de un estudio financiado por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio en el que se analizan las “posibilidades, necesidades y expectativas” del sector, Asemfo considera que “la biomasa forestal genera más empleo y suministra energía más barata y limpia que el gas y el gasóleo”.

El documento subraya que es “muy alta la actual disponibilidad de biomasa forestal primaria en nuestros montes para destinos energéticos. Puede estimarse en más de 10 millones de toneladas/año (con el 25% de humedad) las necesarias para mantener un nivel de gestión silvícola razonable, totalmente compatible con la mejora de nuestras masas”.

 

10.000 puestos de trabajo directos en el monte

Otro de los cálculos que se hacen en el estudio es que “la utilización de esta biomasa se autofinancia en precios de 15-20 euros megavatio hora (MWh) y genera unos 10.000 puestos de trabajo directos en el monte”. Sin embargo, puntualizan que alcanzar este nivel de utilización requiere fomentar los usos térmicos y eléctricos. Para Asemfo, a pesar de su demostrada eficiencia como fuente de energía térmica, ésta “no ha tenido ningún tipo de apoyo significativo durante el actual PER 2005-2010”. Pero recuerda que el enfoque de contabilización de energía final de la nueva directiva de renovables obliga a España a hacer un especial esfuerzo en su utilización para usos térmicos. “Y fomentarla como fuente primaria de energía eléctrica”, apostillan.

Asemfo aprovecha para pedir al Gobierno que “desarrolle un mercado amplio y transparente de la biomasa forestal basado en criterios económicos, ecológicos y sociales” e insiste en sus ventajas “sostenibles”: combustible de fácil gestión, puede utilizarse en el momento y en el lugar en que se demande energía; no es un producto tóxico ni peligroso; crea empleo rural directo e indirecto; su utilización es idónea a pequeña escala en instalaciones con sistemas de limpieza de humos poco sofisticados; y el sector está en condiciones de recoger la biomasa forestal de la manera más eficiente posible.

Por último, y en comparación con otros biocombustibles, el informe recalca también otras ventajas, como que la combustión no produce en cantidad significativa elementos corrosivos (cloro en la biomasa herbácea) o tóxicos (productos de combustión de pinturas y colas en la biomasa recuperada o RSU).

Igualmente, reconocen que al tener un porcentaje de humedad variable y en algunos casos elevado, su capacidad calorífica puede ser menor que otras biomasas sólidas, característica que facilita su gestión a empresas de servicios que suministran energía térmica en contador. Para finalizar, afirman que sus costes de extracción son algo superiores que los de la paja, cáscara o hueso, pero muy inferiores al del gas natural y el gasóleo.

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«Las plantas nos dan de comer y nos ayudan a prevenir y a cuidar enfermedades, el gobierno debería mimar mucho más las investigaciones que se centran en conocer mejor a las plantas», así de claro se manifiesta Rafael Lozano, máximo representante de la política científica en agricultura a nivel nacional del Ministerio de Ciencia e Innovación.

Lozano estuvo ayer en la Estación Experimental del Zaidín (CSIC) para ofrecer una charla sobre el estado de la investigación agraria en España y las políticas que la rigen. Según el experto, las dos líneas de futuro en este ámbito son la genética aplicada y la biomasa. Sobre la primera de ellas explica que alterar genéticamente a las plantas es una fórmula muy eficaz para «hacer los cultivos tolerantes a plagas y a enfermedades y mejorar la calidad del producto final», además de para «conseguir elaborar sistemas de cultivo más sostenibles, con un menor consumo de agua y sin usar pesticidas o compuestos que contaminen el entorno», añade.

Por otro lado, el experto asegura que es imprescindible optimizar la producción de biomasa en el país para que ocupe el lugar que le pertenece como fuente renovable.

El investigador granadino relata que aunque la agricultura está muy desarrollada en España, «estamos en una situación ampliamente mejorable y nuestro país debería apoyar mucho más a estas investigaciones», un hecho que, según el experto, ya se ha producido en otros países como Holanda, Francia, Reino Unido o EE UU.

Lozano indica que el avance y el progreso de este sector pasa por tres pilares, el primero de ellos es la investigación básica, que consiste en el trabajo de base y que es esencial como punto de partida. El segundo es la investigación aplicada, es decir, buscar una manera de mejorar la productividad a partir de esa base. Y el tercero reside en conseguir una interacción efectiva entre poder público y privado para financiar dichos proyectos.

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Las cenizas procedentes de la producción de energía eléctrica en las plantas de biomasa serán aprovechadas a partir de ahora para la construcción de los taludes de las carreteras. La fórmula consiste en aprovechar el material de la quema de los restos de la poda del olivar y del alpejuro de las almazaras. Así lo aseguran desde la Consejería de Obras Públicas de la Junta, que está experimentando con este material en la Autovía del Olivar a su paso por la provincia de Jaén.

Los primeros ensayos se están realizando en el tramo entre el enlace oeste de Baeza con el enlace norte de Puente del Obispo de dicha autovía. El delegado provincial de Obras Públicas y Transportes, Rafael Valdivielso acudió ayer a visitar las obras y aseguró que «este estudio se incluye dentro del desarrollo de nuevas tecnologías sostenibles que permitan el uso de materiales cuyo destino habitual ha sido el vertedero y que, a la vez, minimicen las afecciones al medio ambiente por la construcción de infraestructuras» destaca.

El tramo elegido se trata de una zona geológicamente complicada para la construcción de infraestructuras, debido a la presencia de arcillas y margas que hacen que el suelo sea tendente a las deformaciones y a los deslizamientos, sobre los que es necesario hacer una intensa labor de estabilización y mantenimiento.

Este proyecto de innovación es producto de un convenio suscrito entre la Junta, la Diputación Provincial de Jaén y la empresa SACYR y cuenta con la participación de las universidades de Jaén y Granada.

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Una vez más, un nuevo foro ha desvelado las carencias de la bioenergía en España. Las conclusiones de la IV Jornada Hispano-Alemana de Bioenergía revelan el limitado grado de desarrollo y de incentivos públicos que sufre la biomasa en nuestro país, hasta el punto que se exporta biomasa que se beneficia de mayores incentivos en los lugares de destino.

El viernes concluyó la IV Jornada Hispano-Alemana de Bioenergía, organizada por la Cámara de Comercio Alemana para España, que supuso una nueva evidencia del retraso que lleva España en este materia, especialmente si se compara con países como Alemania, que volvió a mostrar las realidades políticas, económicas y ambientales que la hacen ser puntera en esta materia, en especial en el campo del biogás.

Christian Bobbert, consejero de Agricultura y Medio Ambiente de la Embajada de la República Federal de Alemania, dejó claro desde la inauguración que “la biomasa es hoy la única fuente de energía renovable que puede abastecer de calor, electricidad y carburantes de forma sostenible”. Poco tardó José María Martínez, de la Unidad de Biomasa del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat), en demostrar que en España, todavía, no se lleva a la práctica con rigor esta máxima.

Martínez lamentó que en España aún no hay un mercado potencial de la biomasa debido a que “las primas a la generación de electricidad mediante esta fuente de energía no la hacen viable económicamente”. Las conclusiones de la jornada inciden además en que se da la paradoja de que, aunque somos un país muy dependiente energéticamente, la mayoría de la biomasa se exporta a Europa, sobre todo a Italia y Reino Unido, debido a que allí las primas para la generación eléctrica son más altas, y por lo tanto, pueden pagar un precio mayor.

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José María Martínez, de la Unidad de Biomasa del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) desglosó las ventajas de la producción de biomasa: por un lado medioambientales, pues no contribuye al efecto invernadero ni a la lluvia ácida; por otro lado sociales, generando empleo mediante el desarrollo de los cultivos energéticos; y finalmente económicas, ya que las empresas e industrias pueden vender sus residuos a los productores de biomasa como materia prima.

Martínez lamentó que en España aún no hay un mercado potencial de la biomasa debido a que “las primas a la generación de electricidad mediante esta fuente de energía no la hacen viable económicamente”. De hecho, se da la paradoja de que, aunque España es un país muy dependiente energéticamente, la mayoría de la biomasa se exporta a Europa, sobre todo a Italia y Reino Unido, debido a que allí las primas para la generación eléctrica son más altas, y por lo tanto, pueden pagar un precio mayor.

Por su parte Antonio Gonzalo, responsable de Mercados de la Asociación de Valorización Energética de la Biomasa (AVEBIOM), manifestó que las pymes del sector de las bioenergías no pueden quedarse paralizadas frente a la falta de apoyo institucional, sino que tienen que abrir mercados destacando las ventajas de la biomasa en utilidad, precio y costes.

Gonzalo hizo también hincapié en las posibilidades de la biomasa como actividad generadora de empleo local. Por cada terawatio hora producido en el paso de gasoleo o gas natural a biomasa se crean 300 puestos de trabajo directos y 100 indirectos.

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El conseller de Economía y Finanzas, Antoni Castells, y el presidente de REE, Luis Atienza, han firmado un protocolo de coordinación de actuaciones para favorecer la integración de las energías renovables.

El documento prevé diferentes medidas entre la Generalitat y REE con el fin de garantizar el suministro eléctrico en Cataluña y “dar cumplimiento a los objetivos en materia de energías renovables del Plan de la Energía de Cataluña 2006-2015”, según la Generalitat.

De acuerdo con el convenio, la Generalitat coordinará con REE la tramitación de los procedimientos de acceso y conexión a la red eléctrica de la generación acogida al Régimen Especial (eólica, fotovoltaica, cogeneración y biomasa).

En este punto de garantía de suministro también se incluye la línea de Muy Alta Tensión (MAT) que debe cruzar la provincia de Gerona e interconectar con Francia. Las obras entre Vic y Bescanó avanzan con normalidad, y este tramo empezará a funcionar en 2010. Toda la infraestructura hasta Francia entrará en servicio entre finales de 2013 y principios de 2014.

El Govern añadió que el convenio firmado hoy servirá de marco para desarrollar el decreto que regula la implantación de parques eólicos e instalaciones fotovoltaicas en Cataluña, aprobado el 22 de septiembre.

REE prevé una inversión de 1.450 millones de euros en Cataluña hasta 2015 para “lograr un sistema más seguro, limpio y competitivo” y contrarrestar el retraso histórico.

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