El presidente de EE UU, Barack Obama, se dispone a dar un paso para facilitar la construcción de dos nuevos reactores nucleares, los primeros que se edificarían en el país en más de tres décadas. Según fuentes gubernamentales, Obama anunciará hoy la concesión de una garantía de préstamo por parte de su Gobierno para las centrales proyectadas en el Estado de Georgia. La empresa constructora deberá obtener ahora los permisos de la Comisión de Regulación Nuclear, algo que se espera para el próximo año.

La percepción social ha cambiado al constatarse el efecto del calentamiento

El presidente ha triplicado los avales a las centrales previstos por Bush

La concesión de esa garantía de crédito inicia un largo proceso de recuperación de la energía nuclear como alternativa a otras fuentes más contaminantes, algo a lo que se ha mostrado favorable Obama desde los inicios de su campaña electoral y desde su llegada a la presidencia. La Comisión de Regulación Nuclear, que tiene la última palabra al respecto, es una agencia independiente del Gobierno cuyos cinco miembros son elegidos por el presidente y confirmados por el Senado cada cinco años. De ellos depende dar la confirmación final al nuevo proyecto, que supondría la entrada en funcionamiento de los reactores número 105 y 106 del país. La planta, a cargo de la empresa Southern Company, costará unos 14.500 millones de dólares. Los directivos de la compañía esperan tener los reactores en funcionamiento en 2016 y 2017.

En diversas ocasiones, el presidente se ha declarado a favor de recuperar la construcción de reactores nucleares como una forma de combatir la contaminación producida por otras fuentes, como la combustión de carbón o el petróleo. De hecho, en su primer discurso del Estado de la Unión, el mes pasado, Obama defendió la “construcción de una nueva generación de plantas nucleares más limpias y seguras en el país”.

La construcción de plantas nucleares en EE UU ha sufrido 30 años de parálisis, originados por una fusión parcial del núcleo en un reactor en la central de la isla Three Mile, en Pensilvania, ocurrida en marzo de 1979. Con los años, diversos grupos científicos demostraron que el accidente no tuvo efecto alguno sobre la población, pero las diversas administraciones se han mostrado reacias a retomar una energía que se ha visto, durante muchos años, como un peligro potencial para la seguridad ciudadana y la salud pública. El último reactor en obtener una licencia final de operación fue el de Watts Bar, en Tennessee, en 1996. Su construcción había comenzado en 1973, seis años antes del accidente de Pensilvania. Los cada vez más patentes efectos del cambio climático han cambiado esa percepción, y el presidente ha llegado a la Casa Blanca como el primero en reivindicar el renacimiento de una energía nuclear limpia y segura.

Para tomar su primera decisión al respecto, Obama ha aprovechado una ley ratificada por George Bush en 2005, que permite al Gobierno de EE UU ofrecer avales de crédito a los proyectos energéticos que contribuyan de algún modo a la reducción en la emisión de gases contaminantes. Desde entonces, no se había concedido un crédito a empresas que gestionaran o proyectaran la construcción de plantas nucleares. En los presupuestos de 2011, el Gobierno ha destinado una partida de 54.500 millones de dólares (40.000 millones de euros) para esos avales, el triple de lo contemplado en las partidas previas por la Administración anterior.

En EE UU existen 104 reactores nucleares. La ley establece que pueden funcionar con licencias de 40 años. Debido a la congelación de las pasadas tres décadas, una buena parte de ellos opera con prórrogas de 20 años a sus ya caducadas licencias originales. Este país es el mayor productor de energía nuclear comercial del mundo y obtiene el 20% de su energía a través de ese método.

El pasado verano, el Gobierno se comprometió ante el Congreso a buscar nuevas estrategias para fomentar la ampliación del número de reactores en EE UU, como un modo de mantener los niveles de generación de energía mientras se buscan límites gubernamentales a la contaminación. “Creo que la energía nuclear va a ser primordial para permitirnos disfrutar de un futuro con niveles muy bajos de carbón”, dijo en julio el secretario de Energía, Steven Chu, ante el comité medioambiental del Senado. De esta cámara depende ahora la aprobación definitiva de una ley que, por primera vez, impondría unos límites a la emisión de gases contaminantes a refinerías, fábricas y centrales energéticas, que fue aprobada en junio por la Cámara de Representantes y que debe ser sometida aún a votación por el Senado, algo que los analistas no esperan antes de las elecciones legislativas del próximo noviembre.

Más Información:elpais

En los años 80 se extendió por el mundo la creencia de que la energía nuclear debía desaparecer de la faz de la tierra, tanto en sus manifestaciones bélicas como en las correspondientes a la generación de electricidad. La bandera antinuclear fue enarbolada fundamentalmente por los sectores denominados progresistas, pertenecientes fundamentalmente a los movimientos de izquierdas, que al margen de las razones, en aquellos tiempos objetivas, derivadas de graves accidentes, como los de Three Mile Island y Chernobil, veían en la energía nuclear una nueva forma de dominio por parte de las grandes potencias. Por otro lado, la idea de que los residuos radiactivos de alta actividad se mantuvieran activos durante miles de años, generaba una sensación de vértigo a la sociedad, que intuía que no podíamos dejar ese problema a las generaciones venideras.

Con cierta frecuencia, algunos de los llamados progresistas, paradójicamente, se anclan en viejas ideas del pasado y no progresan ni evolucionan, en consonancia con los cambios que se generan con el desarrollo tecnológico. Las tecnologías de generación eléctrica mediante la fisión nuclear cuentan con más de 50 años de experiencia. Disponemos hoy en el mundo de unas 440 centrales nucleares en operación (con una potencia de 370 GWe) repartidas por más de 30 países. La energía eléctrica generada por estas tecnologías supone en la actualidad el 16% del total.

No cabe duda de que del análisis empírico de la experiencia de la generación eléctrica nuclear pueden sacarse conclusiones muy positivas en los tres vectores que orientan toda estrategia energética: seguridad de suministro, competitividad y sostenibilidad. Y todo ello, a pesar de que en los últimos 25 años, debido a la «moratoria nuclear» general, se han realizado insuficientes esfuerzos en las áreas de investigación minera, e investigación y desarrollo de las propias tecnologías de generación nuclear de fisión y de fusión y en el tratamiento del combustible nuclear gastado.

Así pues, disponemos ya de las llamadas tecnologías de tercera generación, que resultan mucho más eficientes en el terreno energético, económico y medioambiental, y que mejoran notablemente los ya altísimos niveles de seguridad de la segunda generación, introduciendo medidas de seguridad pasivas, simplificando los sistemas de operación e incrementando las redundancias en los sistemas de control.

Es evidente que las primeras centrales que se instalen sufrirán el síndrome del «first of a kind» como sucede con todos los prototipos y en particular con los de este ámbito, en donde, precisamente por razones de seguridad, la regulación es y debe ser muy severa, induciendo costes muy importantes en las primeras unidades, hasta que se establezcan y estabilicen los estándares consiguientes.

Sin embargo, el llamado renacimiento nuclear va a producir unas economías de escala y unos niveles de estandarización, que, sin duda, van a facilitar la reducción de los costes de capital mediante el abaratamiento de los costes de ingeniería, equipos e instalaciones, al tiempo que el acortamiento en los tiempos de licenciamiento y construcción reducirán también la inversión específica y el riesgo financiero.

En la actualidad se están construyendo unas 40 nuevas centrales nucleares en el mundo (de las que 4 en la Unión Europea, 1 en Francia, otra en Finlandia y 2 en Eslovaquia), existen unos 100 proyectos nuevos planificados, que están en distintas fases de análisis y preconstrucción y unas 200 propuestas de nuevas centrales.

A medio plazo, la energía nuclear podría aportar al sistema eléctrico español y, a través de una adecuada regulación, al mundo empresarial, los siguientes elementos:

– Una fuente de energía limpia, segura y competitiva

– Una aportación de generación eléctrica de base, necesaria en todo sistema que pretenda garantizar el suministro.

– Una fuente de energía a costes estables, ya que las posibles fluctuaciones de precio de la materia prima energética (uranio) tienen escasa repercusión en el coste de generación.

– Un mayor grado de independencia energética del país, derivado no sólo del factor «diversificación», sino de la capacidad de almacenamiento del propio combustible nuclear y de la seguridad de suministro del uranio y del proceso de fabricación del combustible, habida cuenta de la naturaleza de los países suministradores.

– La creación de valor y de riqueza y de conocimiento y tecnología que puede suponer el proceso de modernización de las centrales actuales y el desarrollo y la construcción de nuevas centrales de tercera generación.

– Los beneficios inducidos, en el terreno económico, tecnológico e industrial para toda la sociedad española.

– Reducción de las emisiones de CO2.

No olvidemos también, que España es un país industrial, aunque muchos economistas pretendan ignorarlo. La industria básica es en general muy intensiva en consumo energético-eléctrico y para ella, la energía eléctrica es una materia prima, que incorpora a sus productos, que tiene que vender en el mercado internacional a precios competitivos. Si el sistema eléctrico no ofrece a la industria básica una energía eléctrica a precios competitivos, se producirá una inevitable deslocalización, aunque la eficiencia energética de esos industriales sea alta y su comportamiento económico, tecnológico y medioambiental sea el adecuado. A mi juicio, sólo la energía nuclear puede ofrecer garantía de suministro competitivo de energía eléctrica en base, a precios estables, a estos grandes consumidores.

Ante tantas ventajas, la energía nuclear se enfrenta también a algunos inconvenientes. El principal es una opinión pública mal informada que cree que las centrales nucleares explotan como las bombas atómicas, y piensa que una incidencia sin importancia reportada por una central, siguiendo las normas dictadas por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), puede suponer un peligro para la población. O que los residuos de alta actividad son un verdadero peligro, a pesar de que existen soluciones adecuadas para su almacenamiento y control. Está demostrado, en cualquier caso, que cuanta mayor información tiene una sociedad, menores reticencias existen hacia la energía nuclear.

Los países más avanzados tecnológicamente, como EEUU, Japón, Francia, Reino Unido, Finlandia, Suecia… han apostado claramente por invertir de nuevo en estas tecnologías, que, como cualquier otra, tiene sus inconvenientes, pero también muchas ventajas; la dinámica de los tiempos nos lleva a concluir que lo probable es que los inconvenientes (gracias a la tecnología) vayan disminuyendo y las ventajas (también gracias a la tecnología y como consecuencia del creciente desbalance entre oferta y demanda energética y por la necesidad de reducir las emisiones de CO2) vayan aumentando.

Resulta curioso que un país como el nuestro, tan dependiente energéticamente, y que está convencido de que la tecnología y el conocimiento es el camino a seguir para garantizar nuestro progreso y prosperidad, esté tan cerrado a considerar estas tecnologías de futuro como parte esencial de su mix energético. Resulta sorprendente que muchos de nuestros dirigentes políticos, que se sitúan en el lado de la modernidad y el progreso, rechazan incluso el debate sereno, viéndose dominados por los prejuicios y anclados al pasado por imprudentes promesas.

Al margen de las consideraciones que cada uno podamos hacernos en función de nuestra información, la que nos facilitan las personas o los medios que influyen sobre nosotros y por encima de los prejuicios que inevitablemente todos tenemos, creo que es recomendable observar lo que hacen otros países, admirados por su comportamiento racional, responsable y efectivo, y reflexionar sobre si no estaremos equivocados. Al menos, deberíamos dejar de un lado y por un momento nuestros prejuicios y debatir honestamente el asunto para tratar de llegar a la conclusión que sea más beneficiosa para los intereses generales de los españoles y no aferrarnos conservadoramente a nuestras ideas (¿o más bien prejuicios?) del pasado. Ser antinuclear, hoy en día, ya no es progresista sino más bien todo lo contrario.

Más información: ABC

vandellos_evaluacion_control_nuclearExpertos del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) evalúan desde hoy durante tres semanas la central nuclear Vandellós II, en L’Hospitalet de l’Infant (Tarragona), en el marco de la misión Osart, de revisión de los sistemas de seguridad y funcionamiento.

En España, las centrales de Almaraz, Cofrentes, Ascó y Garoña han recibido anteriormente esta misión, según informó hoy la Asociación Nuclear Ascó-Vandellós II (Anav).

El objetivo de la misión Osart (Operational Safety Review Team) es evaluar el funcionamiento de la central comparándolo con los estándares de seguridad de la OIEA analizando áreas específicas, en este caso: dirección, administración y organización; entrenamiento y calificaciones; operaciones; mantenimiento; soporte técnico; experiencia operativa; protección radiológica; química y planes de emergencia y en el caso de Vandellós II, la de las acciones derivadas del suceso de 2004 en el sistema EF.

Así durante tres semanas, expertos de la OIEA y de diferentes campos relacionados con la energía nuclear, evaluarán la gestión de la seguridad operacional y la fiabilidad de la central nuclear Vandellós II.

De este análisis los expertos extraerán sus conclusiones y presentarán los resultados tanto a la misma central como al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) como organismo regulador.

Más información: Lavanguardia.es