En los años 80 se extendió por el mundo la creencia de que la energía nuclear debía desaparecer de la faz de la tierra, tanto en sus manifestaciones bélicas como en las correspondientes a la generación de electricidad. La bandera antinuclear fue enarbolada fundamentalmente por los sectores denominados progresistas, pertenecientes fundamentalmente a los movimientos de izquierdas, que al margen de las razones, en aquellos tiempos objetivas, derivadas de graves accidentes, como los de Three Mile Island y Chernobil, veían en la energía nuclear una nueva forma de dominio por parte de las grandes potencias. Por otro lado, la idea de que los residuos radiactivos de alta actividad se mantuvieran activos durante miles de años, generaba una sensación de vértigo a la sociedad, que intuía que no podíamos dejar ese problema a las generaciones venideras.

Con cierta frecuencia, algunos de los llamados progresistas, paradójicamente, se anclan en viejas ideas del pasado y no progresan ni evolucionan, en consonancia con los cambios que se generan con el desarrollo tecnológico. Las tecnologías de generación eléctrica mediante la fisión nuclear cuentan con más de 50 años de experiencia. Disponemos hoy en el mundo de unas 440 centrales nucleares en operación (con una potencia de 370 GWe) repartidas por más de 30 países. La energía eléctrica generada por estas tecnologías supone en la actualidad el 16% del total.

No cabe duda de que del análisis empírico de la experiencia de la generación eléctrica nuclear pueden sacarse conclusiones muy positivas en los tres vectores que orientan toda estrategia energética: seguridad de suministro, competitividad y sostenibilidad. Y todo ello, a pesar de que en los últimos 25 años, debido a la «moratoria nuclear» general, se han realizado insuficientes esfuerzos en las áreas de investigación minera, e investigación y desarrollo de las propias tecnologías de generación nuclear de fisión y de fusión y en el tratamiento del combustible nuclear gastado.

Así pues, disponemos ya de las llamadas tecnologías de tercera generación, que resultan mucho más eficientes en el terreno energético, económico y medioambiental, y que mejoran notablemente los ya altísimos niveles de seguridad de la segunda generación, introduciendo medidas de seguridad pasivas, simplificando los sistemas de operación e incrementando las redundancias en los sistemas de control.

Es evidente que las primeras centrales que se instalen sufrirán el síndrome del «first of a kind» como sucede con todos los prototipos y en particular con los de este ámbito, en donde, precisamente por razones de seguridad, la regulación es y debe ser muy severa, induciendo costes muy importantes en las primeras unidades, hasta que se establezcan y estabilicen los estándares consiguientes.

Sin embargo, el llamado renacimiento nuclear va a producir unas economías de escala y unos niveles de estandarización, que, sin duda, van a facilitar la reducción de los costes de capital mediante el abaratamiento de los costes de ingeniería, equipos e instalaciones, al tiempo que el acortamiento en los tiempos de licenciamiento y construcción reducirán también la inversión específica y el riesgo financiero.

En la actualidad se están construyendo unas 40 nuevas centrales nucleares en el mundo (de las que 4 en la Unión Europea, 1 en Francia, otra en Finlandia y 2 en Eslovaquia), existen unos 100 proyectos nuevos planificados, que están en distintas fases de análisis y preconstrucción y unas 200 propuestas de nuevas centrales.

A medio plazo, la energía nuclear podría aportar al sistema eléctrico español y, a través de una adecuada regulación, al mundo empresarial, los siguientes elementos:

– Una fuente de energía limpia, segura y competitiva

– Una aportación de generación eléctrica de base, necesaria en todo sistema que pretenda garantizar el suministro.

– Una fuente de energía a costes estables, ya que las posibles fluctuaciones de precio de la materia prima energética (uranio) tienen escasa repercusión en el coste de generación.

– Un mayor grado de independencia energética del país, derivado no sólo del factor «diversificación», sino de la capacidad de almacenamiento del propio combustible nuclear y de la seguridad de suministro del uranio y del proceso de fabricación del combustible, habida cuenta de la naturaleza de los países suministradores.

– La creación de valor y de riqueza y de conocimiento y tecnología que puede suponer el proceso de modernización de las centrales actuales y el desarrollo y la construcción de nuevas centrales de tercera generación.

– Los beneficios inducidos, en el terreno económico, tecnológico e industrial para toda la sociedad española.

– Reducción de las emisiones de CO2.

No olvidemos también, que España es un país industrial, aunque muchos economistas pretendan ignorarlo. La industria básica es en general muy intensiva en consumo energético-eléctrico y para ella, la energía eléctrica es una materia prima, que incorpora a sus productos, que tiene que vender en el mercado internacional a precios competitivos. Si el sistema eléctrico no ofrece a la industria básica una energía eléctrica a precios competitivos, se producirá una inevitable deslocalización, aunque la eficiencia energética de esos industriales sea alta y su comportamiento económico, tecnológico y medioambiental sea el adecuado. A mi juicio, sólo la energía nuclear puede ofrecer garantía de suministro competitivo de energía eléctrica en base, a precios estables, a estos grandes consumidores.

Ante tantas ventajas, la energía nuclear se enfrenta también a algunos inconvenientes. El principal es una opinión pública mal informada que cree que las centrales nucleares explotan como las bombas atómicas, y piensa que una incidencia sin importancia reportada por una central, siguiendo las normas dictadas por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), puede suponer un peligro para la población. O que los residuos de alta actividad son un verdadero peligro, a pesar de que existen soluciones adecuadas para su almacenamiento y control. Está demostrado, en cualquier caso, que cuanta mayor información tiene una sociedad, menores reticencias existen hacia la energía nuclear.

Los países más avanzados tecnológicamente, como EEUU, Japón, Francia, Reino Unido, Finlandia, Suecia… han apostado claramente por invertir de nuevo en estas tecnologías, que, como cualquier otra, tiene sus inconvenientes, pero también muchas ventajas; la dinámica de los tiempos nos lleva a concluir que lo probable es que los inconvenientes (gracias a la tecnología) vayan disminuyendo y las ventajas (también gracias a la tecnología y como consecuencia del creciente desbalance entre oferta y demanda energética y por la necesidad de reducir las emisiones de CO2) vayan aumentando.

Resulta curioso que un país como el nuestro, tan dependiente energéticamente, y que está convencido de que la tecnología y el conocimiento es el camino a seguir para garantizar nuestro progreso y prosperidad, esté tan cerrado a considerar estas tecnologías de futuro como parte esencial de su mix energético. Resulta sorprendente que muchos de nuestros dirigentes políticos, que se sitúan en el lado de la modernidad y el progreso, rechazan incluso el debate sereno, viéndose dominados por los prejuicios y anclados al pasado por imprudentes promesas.

Al margen de las consideraciones que cada uno podamos hacernos en función de nuestra información, la que nos facilitan las personas o los medios que influyen sobre nosotros y por encima de los prejuicios que inevitablemente todos tenemos, creo que es recomendable observar lo que hacen otros países, admirados por su comportamiento racional, responsable y efectivo, y reflexionar sobre si no estaremos equivocados. Al menos, deberíamos dejar de un lado y por un momento nuestros prejuicios y debatir honestamente el asunto para tratar de llegar a la conclusión que sea más beneficiosa para los intereses generales de los españoles y no aferrarnos conservadoramente a nuestras ideas (¿o más bien prejuicios?) del pasado. Ser antinuclear, hoy en día, ya no es progresista sino más bien todo lo contrario.

Más información: ABC

El parque eólico mar adentro más grande del mundo, Horns Rev II, comenzó recientemente sus operaciones. El proyecto, situado en el Mar del Norte, consiste en 91 turbinas eólicas de Siemens para generar electricidad. El parque eólico tiene una potencia máxima de cerca de 210 megavatios (MW), lo suficiente para cubrir las necesidades de la electricidad de aproximadamente 200.000 hogares.

Cada una de las turbinas tiene una potencia promedio de 2.3 MW, pesa 300 toneladas y se levanta más de 100 metros sobre la superficie del agua. Cada una de las torres de 60 metros de alto posee tres aspas de 45 metros de longitud, que se mueven en el aire a 220 kilómetros por hora en días ventosos.

Las turbinas son fabricadas por Siemens en Dinamarca. Un aspecto particular y desafiante de las aspas del rotor es el hecho de que deben ser extremadamente flexibles y a la vez resistentes para soportar fuertes vientos. Para superar esta dificultad, Siemens utiliza un proceso patentado en el cual las aspas de rotor se hacen en una sola pieza con capas de madera balsa y fibra de vidrio que se encapsulan en la resina epóxica.

Así la lámina no tiene ninguna área potencialmente débil como empalmes o puntos de adherencia. Los rotores se diseñan para funcionar confiablemente por 20 años. Tal nivel de la confiabilidad es importante para las instalaciones costa afuera ya que el trabajo de mantenimiento es cerca de diez veces más costoso mar adentro que en parques eólicos en tierra. Como la energía solar, la energía eólica es una de las fuentes más prometedoras de energía renovable para el futuro. Los expertos estiman que la energía eólica generará 13 veces más electricidad en todo el mundo en 2030 que hoy, cubriendo cerca de un 8% del consumo total de electricidad.

Más información: Cpampa.com

desarrollo-tecnologia-almacenamiento-electroquimico-energetico-baterias-endesa-islas-canarias-energias-renovablesEl Archipiélago canario acogerá el proyecto piloto de almacenamiento mediante baterías que prevé desarrollar Endesa, una ambiciosa iniciativa en el campo de la innovación y desarrollo (I+D) que, de culminar con éxito, se convertiría en la primera aplicación de estas tecnologías en Europa.

Para desarrollar el proyecto, Endesa tiene entre sus metas constituir y liderar un Consorcio Estratégico Nacional de Investigación Tecnológico, en el que participarán como socios otras importantes empresas del sector. Endesa consolida así su decidida apuesta por la innovación en las tecnologías de almacenamiento, de carácter pionero a nivel mundial, y ha elegido las Islas Canarias como un escenario para su aplicación por la fragilidad de sus sistemas eléctricos aislados y su alto potencial de energía renovable, tanto eólica como solar.

Canarias se sitúa así a la vanguardia en este tipo de proyectos de innovación y desarrollo de Endesa. En la fase preliminar de estos estudios de almacenamiento mediante baterías se han seleccionado unos siete posibles emplazamientos en distintos puntos de las Islas.

Descripción

Este proyecto de almacenamiento electroquímico complementa la apuesta de Endesa por desarrollar sistemas de almacenamiento que hagan más eficiente la gestión del sistema eléctrico y que ya están teniendo su desarrollo en Canarias en su vertiente de almacenamiento hidráulico a través de los proyectos en los que Endesa participa con corporaciones insulares o locales, como es el caso de la central hidroeólica de El Hierro, El Quebradón (La Gomera), Chira-Soria (Gran Canaria) y la repotenciación de la central hidráulica de El Mulato (La Palma).

El sistema tiene aplicaciones válidas tanto para los sistemas convencionales como aquellos con alta penetración de energías renovables.

Más información: Eldia.es

Málaga se va a convertir durante los próximos cuatro años en un laboratorio “en real” de distintas soluciones tecnológicas que buscan conseguir una gestión más eficiente de la energía y la reducción de emisiones contaminantes. En concreto, la iniciativa SmartCity, pionera en España, quiere conseguir ahorros de un 20% del consumo energético, lo que supondrá evitar la emisión de 6.000 toneladas anuales de C02 e incrementar el uso de fuentes de energía renovables.

El proyecto está impulsado por 11 empresas lideradas por Endesa y cuenta también con la colaboración de varias universidades y centros de investigación nacionales y autonómicos. Las otras compañías que participan en la iniciativa son Enel (accionista de referencia de Endesa), Acciona, IBM, Neo Metrics, Sadiel, Ormazábal, Isotrol, Telvent, Ingeteam y Greenpower.

La inversión destinada a la iniciativa asciende a 31 millones de euros, financiados en parte por Fondos Feder, gracias al apoyo de la Junta de Andalucía y el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) del Ministerio de Ciencia e Innovación, quien hace unas semanas aprobó la subvención.

Silvia Sánchez Rubio, directora comercial del sector Energy y Utilities de IBM España, explica que este proyecto se convertirá en un referente mundial en el desarrollo de tecnologías energéticas de vanguardia, compartiendo protagonismo con otras iniciativas ya operativas en Estocolmo, Dubai, Malta, Ohio y Colorado.

Más información: Cincodias.com