Paneles solares, instalación eléctrica, baterías de recogida de la energía y sistema de distribución a la red. Estos son los elementos que permiten a la Biblioteca de la Universidad de Burgos disponer de energía 100% verde en sus instalaciones.

La energía solar que se produce en la cubierta de este edificio abastece a una veintena de enchufes que se han instalado en la planta baja para que los alumnos, o cualquier miembro de la comunidad universitaria, puedan conectar sus portátiles, sabiendo que la electricidad que les permite realizar sus trabajos en el ordenador es limpia.

La inversión de 40.000 euros, llegados a la Universidad de Burgos a través de un convenio con la Consejería de Medio Ambiente de la Junta, ha permitido dotar a la Biblioteca de 26 paneles solares capaces de producir 5 kilovatios por hora, la energía equivalente a la que consume cualquier hogar. Esta es la última de las actuaciones que ha puesto en marcha la Biblioteca Universitaria cuyos responsables llevan desde 2007 impulsando políticas de sostenibilidad de sus instalaciones, según explica el director Fernando Martín Rodríguez.

La novedad de este proyecto es que en lugar de volcar en la red la energía producida por el efecto de la luz solar se ha optado por poner en marcha un circuito exclusivo para que los usuarios sepan que están conectados a una energía limpia que reduce las emisiones de CO2 a la atmósfera.

Desde que a mediados de febrero entrara en funcionamiento este circuito, se ha evitado la emisión de 32 kilogramos de dióxido de carbono y se ha generado una energía de 47 kilovatios a la hora. Estos datos se presentan en un panel, instalado también en la planta baja del edificio, con el fin de que se hagan públicos los resultados de eficiencia energética. Además, en un futuro próximo podrán consultarse desde la página web de la UBU.

Los enchufes no están en uso durante todo el día, por ello, la energía que no se utiliza se almacena en unas baterías ‘sunny island’ que están ubicadas junto a la escalera de incendios. Cuando estas baterías están llenas, la electricidad verde se utiliza para alimentar otros servicios también de la Biblioteca.

Martín señala que para dar a conocer esta iniciativa se está realizando una campaña informativa entre los usuarios que lleva por lema ‘Conéctate en verde. Switch Green’. Pero estas acciones no se van a quedar ahí, sino que se seguirá apostando por la sostenibilidad medioambiental de este edificio.

El director señala que en función de la disponibilidad de fondos económicos esperan aumentar el número de paneles solares para alcanzar el objetivo de que la totalidad de la energía que consuma este inmueble sea verde. Existe un proyecto para ir ampliando el número de puestos de trabajo electrificados con energía limpia.

El Vicerrectorado de Infraestructuras está apostando también por este tipo de proyectos. Por este motivo, se está estudiando su ampliación a otros edificios. En la actualidad, el Polideportivo univesitario cuenta con paneles solares, pero con la diferencia de que la energía que se genera se vierte directamente a la red eléctrica no hay una distribución específica para su uso como energía limpia.

Más Información:elcorreodeburgos

Google avanza en el negocio de la energía a través de la filial ‘Google Energy’ y de la compra-venta de electricidad en el mercado. Esta compañía, con sede en Delaware fue creada el pasado 16 de diciembre, tras petición a la FERC, la agencia supervisora de la red eléctrica.

Según un representante de Google, la empresa no tiene un plan para convertirse en un suministrador comercial de energía pero no descarta que la compra y venta de energía integre parte de su futuro portafolio, como publica cnet.com.

“En este momento, no podemos comprar energías renovables en nuestros mercados”, dijo el representante de Google Niki Fenwick. “Queremos comprar la más alta calidad, la energía renovable más accesible siempre que sea posible y utilizar los créditos verdes”.

Pero este último movimiento del Google en el territorio de la energía no es único. La compañía ya dispone de una gran instalación solar en California. Con ‘Google Energy’, la empresa podrá utilizar una cantidad mucho mayor de energía renovable para compensar el consumo de energía de sus operaciones.

Abriéndose al mercado

Además, Google.org ha financiado nuevas empresas tecnológicas en energía solar, energía geotérmica y viento. También desarrolló PowerMeter, una web basada en la aplicación de la electricidad principalmente mediante los servicios públicos.

Fuera de esos esfuerzos, los empleados de Google exploran la intersección de las TI y de la energía y la compañía creó una alianza con General Electric para presionar políticas de promoción de energía limpia.

Más información: EcoDiario (El Economista)

En los años 80 se extendió por el mundo la creencia de que la energía nuclear debía desaparecer de la faz de la tierra, tanto en sus manifestaciones bélicas como en las correspondientes a la generación de electricidad. La bandera antinuclear fue enarbolada fundamentalmente por los sectores denominados progresistas, pertenecientes fundamentalmente a los movimientos de izquierdas, que al margen de las razones, en aquellos tiempos objetivas, derivadas de graves accidentes, como los de Three Mile Island y Chernobil, veían en la energía nuclear una nueva forma de dominio por parte de las grandes potencias. Por otro lado, la idea de que los residuos radiactivos de alta actividad se mantuvieran activos durante miles de años, generaba una sensación de vértigo a la sociedad, que intuía que no podíamos dejar ese problema a las generaciones venideras.

Con cierta frecuencia, algunos de los llamados progresistas, paradójicamente, se anclan en viejas ideas del pasado y no progresan ni evolucionan, en consonancia con los cambios que se generan con el desarrollo tecnológico. Las tecnologías de generación eléctrica mediante la fisión nuclear cuentan con más de 50 años de experiencia. Disponemos hoy en el mundo de unas 440 centrales nucleares en operación (con una potencia de 370 GWe) repartidas por más de 30 países. La energía eléctrica generada por estas tecnologías supone en la actualidad el 16% del total.

No cabe duda de que del análisis empírico de la experiencia de la generación eléctrica nuclear pueden sacarse conclusiones muy positivas en los tres vectores que orientan toda estrategia energética: seguridad de suministro, competitividad y sostenibilidad. Y todo ello, a pesar de que en los últimos 25 años, debido a la «moratoria nuclear» general, se han realizado insuficientes esfuerzos en las áreas de investigación minera, e investigación y desarrollo de las propias tecnologías de generación nuclear de fisión y de fusión y en el tratamiento del combustible nuclear gastado.

Así pues, disponemos ya de las llamadas tecnologías de tercera generación, que resultan mucho más eficientes en el terreno energético, económico y medioambiental, y que mejoran notablemente los ya altísimos niveles de seguridad de la segunda generación, introduciendo medidas de seguridad pasivas, simplificando los sistemas de operación e incrementando las redundancias en los sistemas de control.

Es evidente que las primeras centrales que se instalen sufrirán el síndrome del «first of a kind» como sucede con todos los prototipos y en particular con los de este ámbito, en donde, precisamente por razones de seguridad, la regulación es y debe ser muy severa, induciendo costes muy importantes en las primeras unidades, hasta que se establezcan y estabilicen los estándares consiguientes.

Sin embargo, el llamado renacimiento nuclear va a producir unas economías de escala y unos niveles de estandarización, que, sin duda, van a facilitar la reducción de los costes de capital mediante el abaratamiento de los costes de ingeniería, equipos e instalaciones, al tiempo que el acortamiento en los tiempos de licenciamiento y construcción reducirán también la inversión específica y el riesgo financiero.

En la actualidad se están construyendo unas 40 nuevas centrales nucleares en el mundo (de las que 4 en la Unión Europea, 1 en Francia, otra en Finlandia y 2 en Eslovaquia), existen unos 100 proyectos nuevos planificados, que están en distintas fases de análisis y preconstrucción y unas 200 propuestas de nuevas centrales.

A medio plazo, la energía nuclear podría aportar al sistema eléctrico español y, a través de una adecuada regulación, al mundo empresarial, los siguientes elementos:

– Una fuente de energía limpia, segura y competitiva

– Una aportación de generación eléctrica de base, necesaria en todo sistema que pretenda garantizar el suministro.

– Una fuente de energía a costes estables, ya que las posibles fluctuaciones de precio de la materia prima energética (uranio) tienen escasa repercusión en el coste de generación.

– Un mayor grado de independencia energética del país, derivado no sólo del factor «diversificación», sino de la capacidad de almacenamiento del propio combustible nuclear y de la seguridad de suministro del uranio y del proceso de fabricación del combustible, habida cuenta de la naturaleza de los países suministradores.

– La creación de valor y de riqueza y de conocimiento y tecnología que puede suponer el proceso de modernización de las centrales actuales y el desarrollo y la construcción de nuevas centrales de tercera generación.

– Los beneficios inducidos, en el terreno económico, tecnológico e industrial para toda la sociedad española.

– Reducción de las emisiones de CO2.

No olvidemos también, que España es un país industrial, aunque muchos economistas pretendan ignorarlo. La industria básica es en general muy intensiva en consumo energético-eléctrico y para ella, la energía eléctrica es una materia prima, que incorpora a sus productos, que tiene que vender en el mercado internacional a precios competitivos. Si el sistema eléctrico no ofrece a la industria básica una energía eléctrica a precios competitivos, se producirá una inevitable deslocalización, aunque la eficiencia energética de esos industriales sea alta y su comportamiento económico, tecnológico y medioambiental sea el adecuado. A mi juicio, sólo la energía nuclear puede ofrecer garantía de suministro competitivo de energía eléctrica en base, a precios estables, a estos grandes consumidores.

Ante tantas ventajas, la energía nuclear se enfrenta también a algunos inconvenientes. El principal es una opinión pública mal informada que cree que las centrales nucleares explotan como las bombas atómicas, y piensa que una incidencia sin importancia reportada por una central, siguiendo las normas dictadas por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), puede suponer un peligro para la población. O que los residuos de alta actividad son un verdadero peligro, a pesar de que existen soluciones adecuadas para su almacenamiento y control. Está demostrado, en cualquier caso, que cuanta mayor información tiene una sociedad, menores reticencias existen hacia la energía nuclear.

Los países más avanzados tecnológicamente, como EEUU, Japón, Francia, Reino Unido, Finlandia, Suecia… han apostado claramente por invertir de nuevo en estas tecnologías, que, como cualquier otra, tiene sus inconvenientes, pero también muchas ventajas; la dinámica de los tiempos nos lleva a concluir que lo probable es que los inconvenientes (gracias a la tecnología) vayan disminuyendo y las ventajas (también gracias a la tecnología y como consecuencia del creciente desbalance entre oferta y demanda energética y por la necesidad de reducir las emisiones de CO2) vayan aumentando.

Resulta curioso que un país como el nuestro, tan dependiente energéticamente, y que está convencido de que la tecnología y el conocimiento es el camino a seguir para garantizar nuestro progreso y prosperidad, esté tan cerrado a considerar estas tecnologías de futuro como parte esencial de su mix energético. Resulta sorprendente que muchos de nuestros dirigentes políticos, que se sitúan en el lado de la modernidad y el progreso, rechazan incluso el debate sereno, viéndose dominados por los prejuicios y anclados al pasado por imprudentes promesas.

Al margen de las consideraciones que cada uno podamos hacernos en función de nuestra información, la que nos facilitan las personas o los medios que influyen sobre nosotros y por encima de los prejuicios que inevitablemente todos tenemos, creo que es recomendable observar lo que hacen otros países, admirados por su comportamiento racional, responsable y efectivo, y reflexionar sobre si no estaremos equivocados. Al menos, deberíamos dejar de un lado y por un momento nuestros prejuicios y debatir honestamente el asunto para tratar de llegar a la conclusión que sea más beneficiosa para los intereses generales de los españoles y no aferrarnos conservadoramente a nuestras ideas (¿o más bien prejuicios?) del pasado. Ser antinuclear, hoy en día, ya no es progresista sino más bien todo lo contrario.

Más información: ABC

Hace casi un mes que ha quedado atrás Expobioenergía pero aún colea el eco de las innumerables propuestas, acuerdos, presentaciones y visitas que la jalonan. Entre ellos estuvo el caso de Coca, un pueblo segoviano cuya apuesta por la biomasa forestal ha supuesto pasar de un gasto de 66.000 euros en calefacción con gasóleo a 9.000 con pelets y astillas. De paso, ha conseguido reducir su deuda a la mitad.

¿Y si un macroayuntamiento como el de Madrid hiciera lo mismo? Posiblemente conllevaría que su alcalde, Alberto Ruiz Gallardón, solucionaría parte de su galopante deuda a golpe de una energía limpia que crea riqueza, como la biomasa. Juan Carlos Álvarez, el alcalde de Coca, lo explicaba de forma meridiana: “con la incorporación de la biomasa forestal a las calefacciones de varios edificios municipales hemos conseguido reducir la deuda que teníamos en 2006 de 400 euros por habitante a 198 euros en 2008”.

La sucesión de llanura castellana y cultivos cerealistas no hace presagiar que, casi de sopetón, se alcen cerca de 10.000 hectáreas de pinares. De ahí el nombre de la comarca en la que se asienta Coca, llamada Tierra de Pinares. Los montes son comunales y del ayuntamiento, pero el procesamiento de la madera para destinarla a las calderas del pueblo lo hacen madereros privados. Algo que también cambiará, ya que desde el Ayuntamiento adelantan que con la futura compra de una maquina para hacer astillas se reducirá aún más la factura municipal.

Líder en calderas en Castilla y León

La apuesta empezó en 2003, con la sustitución de la caldera de gasóleo en el Ayuntamiento. “Con la biomasa se ha incrementado en cinco veces el espacio calentado, ha aumentado el confort y sin embargo el consumo ha bajado”, resume el alcalde, que pone sobre la mesa la diferencia de gasto en este edificio: de 14.082 euros con gasóleo a 1.935 con pelets y astillas. Al Ayuntamiento le siguieron el colegio público comarcal, un centro de educación para adultos, otro de actividades acuáticas, el parque de bomberos, el instituto de bachillerato y el centro forestal El Sequero. Solo entre los cuatro primeros edificios, incluido el del Consistorio, la factura ha pasado de 66.288 euros anuales a 9.110.

Más información: Energias-renovables.com