Las principales empresas eléctricas españolas, englobadas en la patronal Unesa, realizaron inversiones en activos eléctricos situados en España durante 2009 por valor de 5.630 millones de euros, cifra un 19% inferior a la del año precedente.

Para acometer este proceso inversor, además de sus necesidades financieras, las empresas tuvieron que recurrir al incremento de su deuda financiera en casi 4.000 millones de euros.

Así se desprende del “Avance estadístico: La industria eléctrica 2009” elaborado por esta organización, que integra a Endesa, Iberdrola, Gas Natural-Unión Fenosa, HC Energía y E.On.

El documento constata que las inversiones en equipo generador disminuyeron un 34% en 2009, situándose en 2.850 millones de euros. Por su parte, las inversiones en la mejora y ampliación de las líneas relacionadas con la actividad de distribución aumentaron un 6,5%, hasta situarse en 2.780 millones de euros.

Durante el ejercicio pasado, las compañías integrantes de Unesa destinaron el 61,2% de los recursos generados por las actividades eléctricas nacionales al proceso inversor en curso.

A finales de año, el equipo generador convencional de las empresas de Unesa sumaba una potencia total de 66.840 megavatios (MW). La potencia de nueva incorporación ascendió a 729 MW. El déficit de tarifa eléctrica (la diferencia entre el coste de producir la electricidad y lo que el consumidor paga por ella) supuso el 44% de los flujos de caja generadas por estos grupos.

El ejercicio 2009 estuvo marcado por la reducción de la demanda de electricidad del 4,3%, situación “acorde con la ralentización de la economía”, según el informe. La caída de la demanda, junto con la reducción del precio de las materias primas energéticas y el aumento de la hidraulicidad, dio lugar a que el precio medio ponderado de la electricidad en el mercado de producción reflejara una disminución en el entorno del 37% con respecto al año precedente.

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En los años 80 se extendió por el mundo la creencia de que la energía nuclear debía desaparecer de la faz de la tierra, tanto en sus manifestaciones bélicas como en las correspondientes a la generación de electricidad. La bandera antinuclear fue enarbolada fundamentalmente por los sectores denominados progresistas, pertenecientes fundamentalmente a los movimientos de izquierdas, que al margen de las razones, en aquellos tiempos objetivas, derivadas de graves accidentes, como los de Three Mile Island y Chernobil, veían en la energía nuclear una nueva forma de dominio por parte de las grandes potencias. Por otro lado, la idea de que los residuos radiactivos de alta actividad se mantuvieran activos durante miles de años, generaba una sensación de vértigo a la sociedad, que intuía que no podíamos dejar ese problema a las generaciones venideras.

Con cierta frecuencia, algunos de los llamados progresistas, paradójicamente, se anclan en viejas ideas del pasado y no progresan ni evolucionan, en consonancia con los cambios que se generan con el desarrollo tecnológico. Las tecnologías de generación eléctrica mediante la fisión nuclear cuentan con más de 50 años de experiencia. Disponemos hoy en el mundo de unas 440 centrales nucleares en operación (con una potencia de 370 GWe) repartidas por más de 30 países. La energía eléctrica generada por estas tecnologías supone en la actualidad el 16% del total.

No cabe duda de que del análisis empírico de la experiencia de la generación eléctrica nuclear pueden sacarse conclusiones muy positivas en los tres vectores que orientan toda estrategia energética: seguridad de suministro, competitividad y sostenibilidad. Y todo ello, a pesar de que en los últimos 25 años, debido a la «moratoria nuclear» general, se han realizado insuficientes esfuerzos en las áreas de investigación minera, e investigación y desarrollo de las propias tecnologías de generación nuclear de fisión y de fusión y en el tratamiento del combustible nuclear gastado.

Así pues, disponemos ya de las llamadas tecnologías de tercera generación, que resultan mucho más eficientes en el terreno energético, económico y medioambiental, y que mejoran notablemente los ya altísimos niveles de seguridad de la segunda generación, introduciendo medidas de seguridad pasivas, simplificando los sistemas de operación e incrementando las redundancias en los sistemas de control.

Es evidente que las primeras centrales que se instalen sufrirán el síndrome del «first of a kind» como sucede con todos los prototipos y en particular con los de este ámbito, en donde, precisamente por razones de seguridad, la regulación es y debe ser muy severa, induciendo costes muy importantes en las primeras unidades, hasta que se establezcan y estabilicen los estándares consiguientes.

Sin embargo, el llamado renacimiento nuclear va a producir unas economías de escala y unos niveles de estandarización, que, sin duda, van a facilitar la reducción de los costes de capital mediante el abaratamiento de los costes de ingeniería, equipos e instalaciones, al tiempo que el acortamiento en los tiempos de licenciamiento y construcción reducirán también la inversión específica y el riesgo financiero.

En la actualidad se están construyendo unas 40 nuevas centrales nucleares en el mundo (de las que 4 en la Unión Europea, 1 en Francia, otra en Finlandia y 2 en Eslovaquia), existen unos 100 proyectos nuevos planificados, que están en distintas fases de análisis y preconstrucción y unas 200 propuestas de nuevas centrales.

A medio plazo, la energía nuclear podría aportar al sistema eléctrico español y, a través de una adecuada regulación, al mundo empresarial, los siguientes elementos:

– Una fuente de energía limpia, segura y competitiva

– Una aportación de generación eléctrica de base, necesaria en todo sistema que pretenda garantizar el suministro.

– Una fuente de energía a costes estables, ya que las posibles fluctuaciones de precio de la materia prima energética (uranio) tienen escasa repercusión en el coste de generación.

– Un mayor grado de independencia energética del país, derivado no sólo del factor «diversificación», sino de la capacidad de almacenamiento del propio combustible nuclear y de la seguridad de suministro del uranio y del proceso de fabricación del combustible, habida cuenta de la naturaleza de los países suministradores.

– La creación de valor y de riqueza y de conocimiento y tecnología que puede suponer el proceso de modernización de las centrales actuales y el desarrollo y la construcción de nuevas centrales de tercera generación.

– Los beneficios inducidos, en el terreno económico, tecnológico e industrial para toda la sociedad española.

– Reducción de las emisiones de CO2.

No olvidemos también, que España es un país industrial, aunque muchos economistas pretendan ignorarlo. La industria básica es en general muy intensiva en consumo energético-eléctrico y para ella, la energía eléctrica es una materia prima, que incorpora a sus productos, que tiene que vender en el mercado internacional a precios competitivos. Si el sistema eléctrico no ofrece a la industria básica una energía eléctrica a precios competitivos, se producirá una inevitable deslocalización, aunque la eficiencia energética de esos industriales sea alta y su comportamiento económico, tecnológico y medioambiental sea el adecuado. A mi juicio, sólo la energía nuclear puede ofrecer garantía de suministro competitivo de energía eléctrica en base, a precios estables, a estos grandes consumidores.

Ante tantas ventajas, la energía nuclear se enfrenta también a algunos inconvenientes. El principal es una opinión pública mal informada que cree que las centrales nucleares explotan como las bombas atómicas, y piensa que una incidencia sin importancia reportada por una central, siguiendo las normas dictadas por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), puede suponer un peligro para la población. O que los residuos de alta actividad son un verdadero peligro, a pesar de que existen soluciones adecuadas para su almacenamiento y control. Está demostrado, en cualquier caso, que cuanta mayor información tiene una sociedad, menores reticencias existen hacia la energía nuclear.

Los países más avanzados tecnológicamente, como EEUU, Japón, Francia, Reino Unido, Finlandia, Suecia… han apostado claramente por invertir de nuevo en estas tecnologías, que, como cualquier otra, tiene sus inconvenientes, pero también muchas ventajas; la dinámica de los tiempos nos lleva a concluir que lo probable es que los inconvenientes (gracias a la tecnología) vayan disminuyendo y las ventajas (también gracias a la tecnología y como consecuencia del creciente desbalance entre oferta y demanda energética y por la necesidad de reducir las emisiones de CO2) vayan aumentando.

Resulta curioso que un país como el nuestro, tan dependiente energéticamente, y que está convencido de que la tecnología y el conocimiento es el camino a seguir para garantizar nuestro progreso y prosperidad, esté tan cerrado a considerar estas tecnologías de futuro como parte esencial de su mix energético. Resulta sorprendente que muchos de nuestros dirigentes políticos, que se sitúan en el lado de la modernidad y el progreso, rechazan incluso el debate sereno, viéndose dominados por los prejuicios y anclados al pasado por imprudentes promesas.

Al margen de las consideraciones que cada uno podamos hacernos en función de nuestra información, la que nos facilitan las personas o los medios que influyen sobre nosotros y por encima de los prejuicios que inevitablemente todos tenemos, creo que es recomendable observar lo que hacen otros países, admirados por su comportamiento racional, responsable y efectivo, y reflexionar sobre si no estaremos equivocados. Al menos, deberíamos dejar de un lado y por un momento nuestros prejuicios y debatir honestamente el asunto para tratar de llegar a la conclusión que sea más beneficiosa para los intereses generales de los españoles y no aferrarnos conservadoramente a nuestras ideas (¿o más bien prejuicios?) del pasado. Ser antinuclear, hoy en día, ya no es progresista sino más bien todo lo contrario.

Más información: ABC

El consumo de electricidad cayó un 4,3% en 2009 en comparación con un año atrás, hasta los 255.721 megavatios por hora (MWh). Este retroceso, según la patronal del sector, Unesa, es una consecuencia de la crisis económica y representa el mayor descenso desde 1959, año en el que comenzó a elaborarse la estadística.

Se trata además del tercer ejercicio en estos 50 años en el que se contrae el consumo eléctrico neto. Los dos anteriores fueron 1993 y 2008, con reducciones del 0,3% y el 0,2%, respectivamente. En 2008, también se produjo una bajada del 0,2%. Ambos datos contrastan con los crecimientos anuales de entre el 2,7% y el 7,1% registrados durante el resto de la década.

La producción eléctrica también disminuyó, en un 5,1%, hasta los 300.684 millones de kilovatios por hora (kwh) y, en paralelo, las emisiones de C02 se recortaron en un 17%. En cuanto a las fuentes de producción, destaca la caída del 10,5% registrada en la nuclear y los descensos del 23,7% y el 9,1%, respectivamente, en las derivadas del carbón y el gas natural.

En el caso de la nuclear, Unesa ha atribuído el descenso a las paradas para realizar recarga de combustible, “que en algunos casos se ha prolongado más de lo habitual para tareas de aumento de potencia o la incorporación de nuevos sistemas”.

Avanzan las fuentes renovables:

En el sentido contrario, sobresale el incremento del 15,3% en la energía generada con fuentes renovables y el aumento del 8,4% que se anotó la hidroeléctrica.

Así, en 2009 las renovables produjeron el 18% del total de electricidad generada en España, el mismo porcentaje que la nuclear, con lo que las dos se colocan como segunda fuente de generación por detrás del gas natural, con un 36%. La producción a partir de carbón generó un 13% de la electricidad total, las instalaciones hidroeléctricas un 9% y los productos petrolíferos, el 6% restante.

Se reduce la inversión:

Este contexto de crisis económica (caída de la demanda, reducción del precio de las materias primas y aumento de la hidraulicidad) ha provocado que el precio medio ponderado de la electricidad en el mercado de producción disminuyera un 37% en comparación con el año anterior.

Con todo, durante 2009 las empresas integradas en Unesa -Iberdrola, Endesa, HC Energía, Unión Fenosa y E.ON- realizaron inversiones en activos eléctricos situados en España por importe de 5.630 millones de euros, cifra un 19% inferior a 2008.

Las inversiones en equipos de generación se contrajeron un 34%, hasta los 2.850 millones. La patronal ha subrayado que no se trata de la anulación de programas de inversiones, sino de “adaptación sus tiempos de ejecución a las necesidades del servicio”.

Por contra, la inversión relacionada con la actividad de distribución creció un 6,5%, hasta sumar 2.780 millones de euros, “con el fin de responder a las necesidades que en cada momento plantea la garantía y seguridad del suministro”, ha destacado Unesa.

Según datos de la patronal, las eléctricas destinaron a inversiones el 61,2% de los recursos obtenidos por su actividad en el mercado doméstico. No obstante, el déficit de tarifa supuso casi el 44% de los flujos de caja generados por las eléctricas.

Con todo, las empresas del sector incrementaron su deuda financiera en un total de 4.000 millones de euros para acometer el proceso inversor, pero también para atender a sus necesidades financieras.

Más información: El Mundo

Iberdrola está a punto de dar su primer salto hacia el negocio de exploración y producción de hidrocarburos mediante la compra de una participación en un yacimiento de gas en Argelia.

Gracias a un acuerdo con el grupo irlandés Petroceltic, la eléctrica española se convertirá, el próximo año, en dueño de una zona del Sáhara donde se ha realizado unos de los mayores descubrimientos de hidrocarburos de 2009.

La operación se materializará cuando Iberdrola ejecute una opción que tiene para adquirir el 49% que posee Petroceltic en uno de los pozos argelinos de esa zona, por 55 millones de dólares (36 millones de euros). Según fuentes cercanas a Iberdrola, la compañía ha elegido uno de los activos en Argelia, aunque todavía no se ha adoptado una decisión sobre el ejercicio de esta opción, cuyo plazo finaliza en mayo de 2010. Iberdrola pagó 7,3 millones de dólares en junio a Petroceltic para tener esa opción de compra.

Millones de barriles

Fuentes del sector dan por hecho que Iberdrola utilizará la opción de compra, y señalan que el campo elegido para ello es Ain Tsila Ridge 1, donde Petroceltic encontró en septiembre un significativo volumen de gas. Según la consultora IHS, se trata del décimo mayor descubrimiento de hidrocarburos del año en el mundo, ya que podría albergar gas por un volumen equivalente a 460 millones de barriles de petróleo, lo que supone dos años de consumo en España.

Petroceltic posee el 75% del campo, mientras que el grupo estatal argelino Sonatrach controla otro 25%. Iberdrola compraría el 49% de la participación de la compañía irlandesa, con lo que tendría un 37% del activo final.

La ejecución de la opción de compra debe ser autorizada por los reguladores argelinos y por Sonatrach, como socia del proyecto.

Los analistas creen que, si se confirman las posibles reservas de gas del yacimiento, el precio de la opción de Iberdrola es barato. Los analistas de Mirabaud valoran los activos de Petroceltic en Argelia entre los 100 y los 500 millones de libras (de 110 a 550 millones de euros). La operación supondría la primera incursión de Iberdrola en el negocio de las reservas de gas.

Más información: Expansion.com